Quizá me compre un tractor

Me interesaban más los libros que el arado; más los sueños que me transportaban a la Isla del Tesoro o a las Minas del Rey Salomón, que regar y cavar berzas, apacentar las vacas, ir a echarle de comer a los marranos al Vasito o cuidar de la boyada en el rastrojo del verano mientras…

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Campanas a gogó en Sevilla

No puedo evitarlo… Cada vez que oigo las campanas entro en trance y mi alma se siente “en unión mística con Dios”, que dice el diccionario de la RAE. ¡Qué manera de tocar… santo Cielo! ¡A todas horas todo el día! ¡Todos los días del año…! ¡Qué agobio! A veces pienso que en uno de…

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Tras el el confinamiento, la ola

Evadirse de la realidad parece, en cierto modo, consustancial al ser humano. Una actitud que a la larga no le servirá de nada y en cambio le traerá problemas; porque luego tendrá que pagar por haberla rehuido. Porque la realidad siempre está ahí, nos envuelve y avanza… Aunque la obviemos, no por ello desaparecerá. Hoy,…

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Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo

Cuando estuve ante el manantial en el que Arquímides realizó las pruebas para explicar aquello de “todo cuerpo sumergido en un fluido experimenta un empuje hacia arriba, en vertical, igual al peso del fluido que desaloja”, sentí tal emoción que nunca olvidaré el momento. Hay imágenes que se graban en la mente y permanecen ahí,…

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Los peatones piden alas

Alas, no para volar, sino, sencillamente, para caminar, es lo que queremos los peatones que paseamos por Sevilla y por otras ciudades de España. Porque en cuanto se pongan manos a la obra los hosteleros y empiecen a colocar mesas y sillas en dónde les dé la gana, al amparo de que “hay que mantener…

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La conjura de los necios

Muchos recordaréis aquel extraño libro, La conjura de los necios, de John Kennedy Toole, publicado en España en 1982 por la editorial Anagrama, en el que su protagonista, Ignatius J. Reilley, un ser inadaptado y anacrónico, sueña con retroceder al modo de vida medieval. Pues igual le ocurre a Francisco Bellón, presidente de Berkeley Minera…

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Inocentes del Conde, el pueblo feliz

En el pueblo de Inocentes del Conde la gente vivía feliz haciendo camisas. La fábrica que un día montara el alcalde, don Salustiano del Campo y Ribera, Conde de Yeltes, con la ayuda de las fuerzas vivas del pueblo y de otros financieros amigos, marchaba viento en popa. Lógicamente, en la comarca no había paro….

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