El vómito de Carla

Una tal Carla Toscano despertó chapoteando en la mierda que por su boquita de rosa había estado vomitando toda la noche a fin de pergeñar un discursito para hacerse la graciosa y, de paso, hacer reír a los de la jauría que la jalea. Y qué feliz debió sentirse cuando con las heces que vertió de su cerebro hueco consiguió rematar la mierda de texto que iba a ser ¡la pera!, ¡la monda!, ¡el no va más…!, como así se demostró cuando al oírlo la aplaudían y reían sus correligionarios del Parlamento.

Se puede consentir que un ser humano sea mordaz, chistoso, atrevido, ocurrente, gracioso, incluso que descalifique al contrario con elegancia, y cien calificativos más se podrían tolerar –todos encaminados a hacernos reír un poco y mejorar la sociedad–, pero no se puede permitir que en una Democracia, en un Parlamento, una imbécil, con las neuronas de serrín, suelte lo que le dé la gana con tal de ofender al contrario e, incluso, con la intención de que si sus palabras fuesen armas, matarlo.

Pues si quiere vomitar mierda que lo haga en los medios de comunicación afines (en los de la Iglesia, por ejemplo) y en los de la jauría que le jalea como se vio, repito, en la bancada que ocupan individuos e individúas (algunas y algunos bichos incalificables) del PP y VOX.

No sé si me lo pasaría bien intimando con la diputada Irene Montero a la que, por cierto, he criticado su falta de reflejos a la hora de enjuiciar la reducción de algunas penas que algunos jueces han dictado tras la entrada en vigor de la ley del “sí es sí”, pero de lo que estoy seguro es de que con monstruos como la tal Carla Toscano es imposible convivir, y menos tener relaciones íntimas sanas, es decir, entre iguales; relaciones que ella se atreve a señalar desde la tribuna parlamentaria cuando se refiere a otras personas. ¡Tendrá cara! ¡Y será imbécil! La tal Carla es un áspid salida de la hurera de Vox y, como los asesinos en serie, su obsesión es hacer daño… ¡Y goza haciéndolo!

Y la mentira, el insulto, la falsedad… ¿eso qué importan? Anoche seguro que rieron todos juntos celebrando las ofensas.

¿Cómo va arreglarse el mundo con tipos como esta energúmena?

Con todo, el drama es que el Parlamento lo consienta. ¡Menuda democracia es esta que se nutre del insulto!

Y tú, Carla, ser deleznable, háztelo mirar… No te creas tan graciosa, mujer, que hueles que apestas.

¡Salud!

3 comentarios Añade el tuyo
  1. Triste y muy grave lo que hay detrás de todo esto.
    Esta gentuza nutre y se nutre en las redes sociales con esta mierda siempre demonizando al oponente.
    Ya vemos que esta estrategia lejos de provocar un rechazo total como sería lo lógico, les supone conseguir réditos políticos, como ocurre en Brasil, EEUU, Italia…
    Lo triste, indignante y preocupante es, la cantidad de gente que les sigue el juego y les alienta.
    Es momento de sentarse y dialogar y plantearse a qué nos lleva todo esto y desde la política que tendría que ser la impulsora de esa reflexión y de ese cambio parece que nos llevan en la dirección contraria.
    Indignando, triste y preocupado.

    Un abrazo amigo Joaquín

  2. Lo preocupante es que personajes tan lamentables como Carla están en el Parlamento porque han sido avaladas por las urnas.
    Por otra parte, el Congreso debería revisar sus códigos o normas o sus reglamentos para que discursos tan deleznables, mezquinos y cargados de odio no tuvieran cabida en el hemiciclo o fueran rigurosamente castigados. Bajo el mantra de libertad de expresión no se puede aceptar todo.
    Gracias otra vez Joaquín por ocupar te del contenido y no del continente

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