El veneno de los pobres
y el rojeras Ferreras

“Menos mal que tenemos la Sexta”, dicen algunos. El Gran Wyoming y su “Intermedio” ayudan a los desubicados ideológicos, a los progresistas, a los que creen que la derecha tiene copados todos los medios de comunicación, a sentir que aún existen, que son “alguien” y que no todo está perdido. Esta es la “TV de la izquierda” piensan muchos.

¡Y una mierda!

            La Sexta, como todo el mundo sabe, pertenece al mismo patrón que Antena 3, un conglomerado empresarial de derechas en el que el Grupo Planeta marca la pauta, más cerca de la ultraderecha que de cualquier otra posición ideológica.

            La Sexta es un señuelo, pues, con el que la derecha pesca en el caladero de la izquierda. Además de tratar de confundir a los que la siguen –“¡No la veré más, nunca más!”, gritan muchos ahora, después de “lo de Ferreras”–, practica el envenenamiento subliminal, sutil, en pequeñas dosis –bueno, esto lo hacen casi todas las TV a diario– y el lavado de cerebro con mensajes falsos, como los que vomita un tal Inda, un francotirador que, bien pagado por la derecha, difama a sus adversarios, fundamentalmente a Podemos.

            Todo esto se sabía. Faltaba la prueba. Esas conversaciones grabadas por el mercenario Villarejo.

            Lo que no se sabía (aunque se sospechaba) es que el Rojeras Ferreras es un quintacolumnista o, si se quiere, por decirlo de forma más suave, un periodista tramposo, embaucador, nada de fiar, mentiroso a sabiendas, con un ego tan grande como la catedral de Burgos, que desde su tribuna de Al rojo vivo se cree capaz de dominar el mundo, ser amigo de Dios y el Diablo, embaucar a los incautos y, desde ese altar ¡a sabiendas! –este es su pecado– dar pábulo a falsedades inventadas para perjudicar a personas o grupos políticos.

            Sí, el Rojeras Ferreras montaba temas con informaciones falsas (y los seguirá montando, supongo, porque él está convencido de que es el mejor periodista del mundo mundial)  mientras exculpaba su conciencia alegando que el invitaba a todas las partes a defenderse. ¡Oh maligno! Y estaba convencido de que siempre sería así y se iría de rositas a los Cielos, orlado de medallas en el pecho, por su profesionalidad.

            ¡Pero le han pillado, ha sido descubierto!

            Y ahora él, dios del Olimpo caído, se justifica…

            ¡Y una mierda! Bueno, dos mierdas para él; que es la segunda vez que repito la expresión.

            Porque, vamos a ver: si tú, Rojeras, das en tu programa una falsa información sobre la cuenta en un paraíso fiscal de un tal Pablo Iglesias, montas luego una tertulia en torno al “tema” e invitas a las partes (la fuente que te facilitó la información, el banquero que abrió la C/C, el policía que la descubrió… e incluso cuentas con el supuesto protagonista del hecho –el tal P. Iglesias–) todo ello con el fin de generar un acalorado debate… –¡Cómo te encienden estas cosas, Ferreras!– ¿qué ocurre? Pues ocurre que le estás dando carta de naturaleza y verdad a algo que no es cierto.

            ¡A algo que es mentira, Rojeras! ¡Que tú sabes que es mentira!

            Estás validando el bulo al presentarlo como tema de debate. Es más: con tu actitud y representación haces que parezca verdad… Aunque el tal P. I. se desgañite negándolo.

            Y al final lo que queda en la mente de esos espectadores que te siguen porque piensan que eres un gran tipo y aguerrido periodista… es que esa C/C, abierta en un paraíso fiscal, existe.

            Porque la gente tiende a creer lo que le interesa… “Ves, todos los políticos son iguales”, dice. Y así se cura en salud, se queda en casa y pasa de ir a votar. Y tus amiguísimos Villarejo e Inda frotándose las manos porque eres un estúpido que, creyéndote el más listo, le haces a ellos el juego. Y teniéndote ahí, de muñeco incendiario consiguen su objetivo.

            Total, en conclusión, resumiendo, que diría mi padre: la empresa que gestiona la Sexta se sale con la suya mientras los españolitos chapoteamos en su trampa: tras el escaparate de El Intermedio, que les es útil para vender la marca, hay otros programas como Al rojo vivo, del Rojeras Ferreras, que se apoderan sutilmente del cerebro del espectador. Y hasta puede que en esa confusión y enfado por los “chanchullos” que denuncia –¡muchos falsos e inventados!– votemos a Vox porque “esos rojos de mierda tienen rabo y orejas puntiagudas de diablo”.

            “Si es que no hay derecho, hasta Podemos…”, es el soniquete que nos queda después del ruido. Verdad Inda, verdad Villarejo, verdad señor Oráculo Ferreras.

            Pues esto es lo que hay. ¡Pensémoslo!

 

 

8 comentarios Añade el tuyo
  1. Se nota que lo has escrito a toda máquina. No por el contenido que comparto sino por las erratas que son las «últimas que abandonan el barco»

    1. No, el Wyo es «puro» como la Inmaculada Concepción. Tiene la suerte de que le dejan hacer lo que le gusta porque necesitan que haga ese papel.

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