Volver al ‘Puntal de la Raya’ invita a volar

Mafalda amaneció esa mañana inspirada y se echó a volar. “Detrás del miedo está el mundo”, se dijo mientras saludaba a las nubes, abría los brazos, alegre, y, con sus manos de muñeca sabihonda, palmeó de felicidad. Y así, sin darse cuenta, alcanzó las alturas y recorrió la Tierra.

La frase, leída en su día en alguna viñeta de Quino, me hizo reflexionar; y estuve de acuerdo. La quise hacer mía; pensé que me ayudaría a vivir mejor. Aunque soy de los que no aceptan fácilmente las reglas; ni siquiera hago caso a los deseos. Soy tan anárquico e hijo de la pereza que, extrañado, me puse una vez a indagar y descubrí que me falta el gen de la voluntad. De hecho, tengo un buen puñado de lemas parecidos al que me regalara Mafalda… Nunca los utilizo. Los repito en voz alta, sí. Me suenan muy bien, también. Me proponen, incluso, inmejorables resultados… –“al que madruga, Dios le ayuda”, por ejemplo– pero no pasan de ser pensamientos ahogados que mueren como suspiros.

Mas qué importa eso si se trata de volar. Volar, porque, aunque el miedo nos ate, hay que volar.

Antes de comenzar la aventura, los correkas, sin que sirva de precedente, juntos./ Foto J. Mayordomo.

El sábado pasado la cita montañera era con el Puntal de la Raya, en el Parque Natural de Grazalema (Villaluenga del Rosario, Cádiz). Y, para los que se quedasen con ganas de más recorrido (16 kilómetros en principio y unos 1.000 metros de desnivel), el pico Salamadre sería un hermoso regalo de postre.

La belleza de los lirios./ Foto J.M.

Acudí al encuentro con cierto reparo. Fue en esta ruta, hace dos años, donde descubrí la “filosofía correka”, el pensamiento libérrimo que guía a este grupo, el desconcierto y la improvisación que practican y que, continuamente, revolotea sobre sus aventuras montañeras. Con ellos me aproximé a una nueva forma de entender la montaña, que, al principio, me desconcertó. Porque salen muy tarde, se paran a desayunar casi a media mañana, y, si llega el caso, no les importa que les coja la noche.  Aunque tienen sus reglas, puede decirse que todas se resumen en una: tú eres el único responsable de ti y si no estás preparado para la excursión que se propone… no vengas. Pero si vienes y dudas, te asustas o desfalleces… pégate a aquel que puedas seguir y espabila. Es todo. De hecho, en aquella… mi primera experiencia con el club, el grupo se dividió en dos –entonces, algo incomprensible para mí– con el conocido resultado de que en la “inolvidable” experiencia de aquel día no volví a ver a mi compañera de vida y viajes hasta bien entrada la noche, al llegar a los coches… ¡No daba crédito!

En el hábitat de los gnomos./ Foto J.M.

Pero aquello pasó. La forma azarosa de sentir la montaña que tienen los correkas o de pensarla y vivirla, me sedujo y ¡hasta hoy! Con ellos la rutina se hace siempre trizas; uno ha de ir con el ojo avizor porque a alguien puede ocurrírsele improvisar un camino y el grupo se divide… Y allá, por dónde más se embarulla el paisaje, por allí se tira para arriba.

En esta excursión las expectativas no iban a ser menos. Ya a los cien metros, cuatro correkas se separaron del resto alegando que preferían “un camino más fácil”. Los 24 restantes emprendimos la ruta campo a través hasta toparnos con unas alambradas que, por supuesto, tampoco cruzamos todos juntos. Atravesamos la Cañada Real de los Bueyes de Ronda, Las cañadillas, el Arroyo de la Higuerela hasta situarnos en la base de la Sierra de Libar, frente al pico al que deseábamos coronar, el Puntal de la Raya.

Todos los caminos conducen al cielo./ Foto J.M.
En la cumbre del Puntal de la Raya. (PN de Grazalema, Villaluenga del Rosario, Cádiz)./ Foto J.M.

No duró mucho tiempo, pero durante unos minutos hubo un cierto desconcierto y barullo. Entre los nuevos que no se aclaraban, los perros, el rebaño de ovejas y los veteranos que van por el monte como Pedro por su casa y tiran por donde se les ocurre…, pues podrían recorrer estos pagos con los ojos cerrados, la confusión y las dudas se apoderaron de algunos, que, mirando hacia todos los lados, no sabían a qué o a quiénes seguir. Pero enseguida volvió la cordura, y los 24 volvimos al redil, nos juntamos otra vez, y, con ánimo, emprendimos la subida bajo gigantescas madejas de nubes que nos libraban del sol, mientras iban y venían danzando por encima de nosotros.

El sendero a veces se perdía. Volvía a parecer. Se perdía otra vez… Y así sucedió hasta que alcanzamos la cumbre. Por el camino se formaron dos grupos otra vez. Los que subían más rápidos, unos doce, coronaron y se fueron al Salamadre, golosos, deseosos de cumplir con el programa y disfrutar de aquel postre. Los que subimos más despacio llegamos a la cumbre sobre las tres de la tarde, nos hicimos las fotos de rigor, avistamos los chispazos de azul que por unos segundos relucían al oeste, y, enseguida, la niebla y la llovizna comenzaron a amenazarnos de nuevo, como si desearan dejarnos atrapados en el limbo blanquecino que comenzó a cubrir el paisaje y la cumbre.

Ya de vuelta, con la sensación de haber alcanzado el objetivo./ Foto J.M.

Descendimos por la cara sur, dejamos a la derecha el Cerro del Hoyo de los Quejigos y buscamos el camino hacia el este que nos condujese por los Navazos de Líbar, la consabida salida natural, y por la que se cierra el gran círculo de este recorrido. En la casa de unos gnomos, rodeados de musgos y viejas encinas, almorzamos. Dos horas después nos reunimos otra vez los dos grupos y todos juntos ya, por los Llanos del Republicano, regresamos a los coches que habíamos dejado en el Puerto de las Viñas. Eran las siete de la tarde y la luna llena, rezumando erotismo, salero y hermosa, se asomó en ese instante por encima del cerro, aplaudiendo nuestro regreso.

Y, cuando estábamos a punto de volver para casa, nos abrazó la luna./ Foto J.M.

 

GALERÍA FOTOGRÁFICA

7 comentarios Añade el tuyo
  1. Hola amigo Joaquín, me ha encantado tu crónica, has puestos en tus palabras muchos de los pensamientos y sensaciones que me transmite este grupo…. Gracias por tu generosidad al escribirlas y compartirlas.

  2. Me gustan esos montañeros.Y las fotografías son preciosas.Cuando vaya a Sevilla la próxima vez a ver si coincido con una de esas marchas estupendas que hacéis y me apunto.Un abrazo desde la Mancha

  3. Y por fin mi unico finde libre del mes! Desde que conocí a los Correkas no puedo emplear mejor mi tiempo libre! Aventura asegurada!! Mejor no se podria describir Joaquin..

  4. Ojalá tuviera yo ese gusto por caminar, subir y bajar laderas! Ya en el Pirineo Hostense hace muchos años, descubrí la gran pasión que siempre te acompaña y la ilusión por lo que está por descubrir. Me das envidia, pero me conformo con leerte. Mis aficiones son tan sedentarias!, pero las disfruto tanto como estar leyendote ahora.

  5. “Detrás del miedo está el mundo”
    Me la quedo yo también y porque entre otras cosas, en ese mundo se encuentran personas como el amigo Joaquín.
    Un abrazo

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