Uranio y ciclismo,
un cóctel venenoso en Salamanca

Ya hace tiempo que la mayoría de los grandes eventos del deporte (carreras de coches, de motos, vueltas ciclistas…) prescindieron del tabaco y del alcohol como primera fuente de ingresos. No parecía lógico que unas actividades que se denominan deportivas y se promueven con el marchamo de “saludables” aparecieran financiadas por productos nocivos o poco recomendables para la salud.
Cierto es que no siempre se avanza en el sentido que se desea. Cuando se pelea por una causa justa, al principio, normalmente la balanza se inclina hacia quienes ostentan el poder y los recursos (léase el dinero), no hacia los que, asistidos por la razón, solo cuentan con el sueño de hacer mejor el mundo y la convicción de que están defendiendo lo justo. La lucha contra la mina de uranio a cielo abierto –la única en Europa de estas características­– que Berkerley Minera España pretende abrir en tierras salmantinas se plantea en este contexto: frente a los infinitos recursos que manejan los poderosos está la voluntad de la gente de no permitirla. Y no hay más. Pero esto no significa que vaya a ganar el más fuerte (Berkeley) sino que la manifiesta injusticia solo servirá para alargar la lucha.

Campo de alpacas en las inmediaciones de dónde pretende abrirse la mina de uranio./ Foto Joaquín Mayordomo
Campo de alpacas en las inmediaciones de dónde pretende abrirse la mina de uranio./ Foto Joaquín Mayordomo

Es en esta pelea en la que hoy está inmersa Salamanca… Una provincia que pierde población cada día, que muere agostada y de inanición, que respira los aires más rancios y antiguos de esa Vieja Castilla que todavía se cree el crisol del Imperio, pero a la que el canto de la chicharra lleva adormilándola siglos. Es en este marco en el que una empresa minera, Berkeley, despliega su látigo y, como el capataz ante la cuerda de esclavos, hace restallar aquí y allá…
Cuesta entender que los salmantinos atiendan con tanta aquiescencia los cantos de sirena que les ofrece Berkeley, que hagan caso de sus falsas promesas; que se dejen arrastrar por el brillo del oropel, prefiriendo el discurso falso a la simple verdad.

El ecosistema de la dehesa estará muy afecados por la mina. / Foto J.M
El ecosistema de la dehesa estará muy afectado por la mina. / Foto J.M

De acuerdo, a los humanos nos seduce, antes que cualquier otra cosa, lo inmediato, lo tangible; por ejemplo, eso que llaman “un empleo”. La pulsión emocional más primitiva nos conforta, aunque solo sea un instante, mucho más que la reflexión y el cultivo de ideas que prometen un futuro más justo. Morimos por ese placer instantáneo que proporciona el aplauso, el regalo, tener cosas. Aunque esas “cosas” sean nocivas para nuestra salud. Berkeley lo sabe bien. Ofrece, a cambio de destruir esta tierra, trabajo (dinero contante y sonante) aunque nunca habla de los centenares de empleos que destruye; ofrece entrevistas de autobombo en los medios de comunicación que se escribe  ella misma y, sobre todo, ofrece un futuro “maravilloso” y feliz a los salmantinos en el que después de que se vaya la empresa, asegura –en unos diez años a partir del día en que empiecen a extraer el uranio–, la tierra que ha calcinado florecerá como una selva tropical, donde los árboles que van a plantar, dicen, serán más frondosos que las encinas centenarias que ya han arrancado y seguirán arrancando por miles.

Los ganaderos no encontrarán quien les compre su ganado, criado en las inmediaciones de la mina de uranio./ Foto J.M.
Los ganaderos no podrán comercializar su ganado, criado en las inmediaciones de la mina de uranio./ Foto J.M.

Esto ocurre estos días en Salamanca y su provincia. La gente vive entregada a una sinrazón. ¿Por qué? Quizá porque los salmantinos creen todavía que la vida les sonríe; están convencidos de que les va relativamente bien y no necesitan nada más. O tal vez sea porque esa vida muelle que practican les haya llevado a pensar que ¿para qué molestarse en luchar, si todo va a seguir igual?, frustrando con ello cualquier esperanza de cambio, a la vez que desean, solo, “pasar lo mejor posible” el resto de sus días.
Pero se equivocan. Porque mientras agoniza este rincón de España, dejado de la mano de todos, la empresa minera, cancerígena y tóxica, elabora, casi a diario, cócteles nuevos de veneno, trampas publicitarias y artilugios para la coacción y el soborno... Todo ello encaminado a destruir poco a poco las dehesas y tierras del oeste de Salamanca, a minar la salud de sus habitantes… y, en última instancia, a dejarles sin medios de vida. Berkeley Minera ha llegado a estos pagos engañando, con el único fin de especular. Vende humo, compra voluntades, miente descaradamente en los periódicos, promete empleos, como digo, pero nunca habla de los que destruye, arranca encinas (ya van en torno a 2.000), calcina bosques al activar con su acción componentes radioactivos, envenenará ríos protegidos por la ley, desvía sin permiso carreteras, tienta a los poderosos, narcotiza con su dinero a la Universidad y la convierte en un muñeco a su servicio, anulando su capacidad de crítica… La última fechoría que se le ha ocurrido ha sido patrocinar la vuelta ciclista a Salamanca.
Berkeley Minera España es el huevo de la serpiente. Y cuando la serpiente puso el huevo en Londres, en un bar de Notting Hill, en 2005, sólo pensaba en ganar dinero a costa de quien fuese y cómo fuese, empleando la trampa y el engaño como único argumento para subsistir. Y si no que le pregunten a Areva, la empresa estatal francesa del uranio, a la que estafó 2.500 millones de euros. La información está en las actas de los tribunales franceses y en los periódicos, no es un invento. O que le pregunten al Principado de Asturias, donde el proyecto minero de “otro de los huevos” de esa serpiente generó conflictos y enfrentamientos durante años, además de costarle un buen puñado de millones de euros a este gobierno autonómico.

El equilibrio, la armonía... Todo quedará cubierto por el polvo y la radioactividad. Aquí va un pozo de más de un kilómetro de largo por medio de ancho. / Foto J.M.
El equilibrio, la armonía… Todo quedará cubierto por el polvo y la radioactividad. Aquí va un pozo de más de un kilómetro de largo por medio de ancho y 600 metros de profundidad. / Foto J.M.

No, no es aceptable (y menos divertido o generador de felicidad y progreso, como nos quieren hacer ver) que Berkeley patrocine una carrera ciclista en Salamanca. Y si sus mentores (ayuntamientos y autoridades) o ciclistas de renombre como Laudelino Cubino, Agustín Tamames, Santiago Blanco, Roberto Heras, Eladio Jiménez o Moisés Dueñas, entre otros, se han subido a este carro porque ignoran de dónde procede o quien es la serpiente a la que aplauden, que se informen. Que lean, por ejemplo, Proyecto Salamanca: la pesadilla del sueño nuclear español, el artículo publicado el pasado 22 de marzo en el periódico El Salto por I.  Martínez y M. Cuneo en el que, tomando como base el informe de 33 páginas que Rosa M. elaboró a lo largo de un año, se da cuenta detallada del origen, actividad y tropelías que cometieron algunos individuos y las empresas que crearon antes de que en España se registrara la filial Berkeley Minera, la cual reproduce, según el citado artículo, “las mismas tramas, amaños, sobornos y movimientos especulativos”, que practicaron sus predecesores.
A los ilustres ciclistas les invito a que cultiven la curiosidad. Ahí podrán enterarse, si leen el artículo, con quiénes se juegan los cuartos; a qué individuos abrazan o les dan la mano, con qué tipo de gente se codean. Mas si no les es suficiente con esto a los Cubino, Tamames, Heras y compañía para sonrojarse y denunciar públicamente la manipulación que Berkeley ejerce sobre la opinión pública salmantina, que se acerquen al lugar de los hechos. Allí, en Retortillo, en Villavieja de Yeltes, en el lugar del crimen (ecológico, se entiende), tendrán ocasión de contemplar el daño causado por Berkeley Minera. Y si aún les quedan sentimientos (lo digo por si ya se los vendieron a Berkeley, que siempre está presto a tirar de chequera) es casi seguro que derramarán unas lágrimas por el daño que se está haciendo a la Naturaleza y a la población del entorno.

Mientras tanto, y afortunadamente para ellas, las cigüeñas siguen danzando, ajenas a la mina, en la torre de la iglesia de Perniculás./ Foto J.M.
Mientras tanto, y afortunadamente para ellas, las cigüeñas siguen danzando, ajenas a la mina, en la torre de la iglesia de Perniculás./ Foto J.M.

Que pregunten que pasará con el centenario Balneario de Retortillo cuando empiecen las voladuras y quede enterrado en escombros; que pregunten en Villavieja de Yeltes que será de ese pueblo cuando se abra un agujero de 38,8 hectáreas, con una extensión de 1.020 metros de largo por 556 metros de ancho y más de 600 de profundidad junto al patio de la escuela, que pregunten, también, a los ganaderos qué será de sus reses, de sus árboles, de sus charcas; qué será del río Yeltes, protegido por leyes europeas… Que pregunten a la plataforma Stop Uranio que, junto a otras organizaciones y algunos partidos políticos, viene luchando desde hace una década para evitar el mayor desastre ecológico que la mina de uranio a cielo abierto –la única en Europa, repito– pretende abrir Berkeley.
Albergamos la esperanza de que si los ciclistas antes citados se informan y aceptan…, aceptan que cabe la posibilidad de que Berkerley no les haya contado toda la verdad, sino solo la suya, “su verdad”, darán marcha a atrás y denunciarán públicamente el atropello que esta empresa está cometiendo con la provincia de Salamanca.
¿Cómo es posible que una carrera ciclista, cuyo fin principal es promover el deporte y valores como la solidaridad o el esfuerzo, además de promocionar la provincia de Salamanca, se confíe a una empresa cuyo único fin es destruir la naturaleza? Sin duda llamará la atención en el mundo civilizado este comportamiento; y más si lo apoya una ciudad que presume de “Arte y Saber”, aunque su apego al dinero sucio, por lo que se está viendo, no tenga parangón.
Mas, como dice el refranero español, y dice bien, a cada cochinillo le llega su San Martín y, más pronto que tarde -si es que Berkeley se sale con la suya-, cuando el oeste salmantino sea ya un desierto envenenado, la hermosa ciudad castellana se arrepentirá de haber dado pábulo y publicidad a una empresa minera que según todos los indicios se comporta como un grupo de ventajistas y trileros, engañando a todo aquel que se pone por delante.
Definitivamente, Salamanca, viejita y arrebujada en su toquilla, sin ningún espíritu crítico, se muere; o si no se muere, ahí se la ve ir hacia atrás, encorvada y caminando como los cangrejos. ¡Qué pena!

Un comentario Añade el tuyo
  1. Es necesario que esto se conozca y llegue al mayor número posible de personas y medios de comunicación, especialmente de Salamanca y Castilla y León.

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