En Salamanca nos gusta el veneno

El titular es una provocación, lo sé.  Pero es la misma que hace el alcalde de Salamanca al autorizar una publicidad engañosa en los autobuses urbanos después de que el Pleno aprobase, el pasado junio, rechazar la explotación de una mina de uranio en la provincia; es la misma provocación que con todo descaro, y una falta absoluta de ética, la empresa minera en cuestión hace al anunciarse en un servicio público con un eslogan tan pomposo como el de “comprometidos con el desarrollo de Salamanca”, cuando a poco más de medio centenar de kilómetros de la ciudad están destruyendo un bosque mediterráneo de incalculable valor, arrancando miles de encinas –al final serán más de 30.000, sin contar esos otros miles que también morirán por efecto de la contaminación radioactiva–, envenenando las aguas del río Yeltes y probablemente las del Duero, ahogando el balneario de los Baños de Retortillo, destruyendo paisajes y monumentos como el ferrocarril (hoy abandonado) que une La Fuentes de San Esteban con Barça de Alba, en Portugal y, sin embargo, declarado BIC (Bien de Interés Cultural) en noviembre del año 2000.
Es decir, sugiero que se haga un esfuerzo, abandonemos el apoltronamiento y esa rutinaria vida muelle que llevamos y, cuando menos, le digamos al alcalde que todo no vale. ¡Todo no vale! Decirle –también a la empresa minera– que el dinero no lo es todo en la vida, sobre todo si esa vida puede ser un infierno para las generaciones venideras cuando hayan convertido las comarcas de Campo de Yeltes, Campo de Vitigudino y El Abadengo en un lugar inhóspito, en el que la enfermedad reine sobre todas las cosas.
Resulta difícil aceptar que una ciudad que presume de culta (“Roma la Chica”, se proclama) acepte, tan alegremente, sin rechistar, la convivencia con tanto cuatrero como hay por ahí actuando a sus anchas. Cuatreros que antaño se dedicaban a robar el ganado, hoy compran voluntades, periódicos, personas, espacios publicitarios… mientras intentan acabar con los bosques, nos envenenan el aire y se fuman sus puros en sus áticos de Nueva York, carcajeándose. Patético.

Nota.- La foto corresponde a la parte de atrás de un autobús urbano salmantino y me ha sido cedida por el grupo munical Ganemos Salamanca.

3 comentarios Añade el tuyo
  1. No sólo es repudiable el delito en sí, cualquier delito, sino el delincuente y también el encubridor del delincuente…así pues asistimos a un acto repudiable, espero que el caballero famoso, el que compra voluntades, no nos obstaculice nuestra visión de la realidad y nos permita seguir pisando tierra, despierten que ya amaneció!!! SI A LA VIDA!!!!

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