El viaje a Ítaca sigue…

Puesta de sol en Sidi Kacem (Tánger). / Foto J. Mayordomo

Si miro a la izquierda, veo el árbol vestido con flores de oro y la mimosa desnuda, sin su capa amarilla. El calor aprieta ahí fuera, pero aquí, en mi santuario, tengo la temperatura ideal. Justo al lado de la mimosa, el pino y el drago canario, y diez arbustos más de los que ignoro su nombre, que viven en el solitario jardín, ajenos al abigarramiento urbano; entre ellos, varios rosales, las buganvillas… ¡y una tortuga que de tiempo en tiempo se pasea por el césped! A mi espalda, haciendo de muro, se alinean los cipreses.

La luz entra por todas partes porque este rincón de Tánger es un paraíso escondido en medio de la ciudad. Aquí he tenido la fortuna de vivir los seis últimos años. Antes viví en otros lugares: en Perniculás, en Salamanca, en Madrid, en algunos pueblos de Francia, en Ginebra, en Lausana, en Tetuán, en Ceuta, en Sevilla… En unos pasé solo meses y en otros me quedé años. Pero desde que con once años llegué al internado, con el encargo de mis padres de que tenía que estudiar para aprender a vivir mejor (recalco lo de “mejor”), he sabido que la vida no es más que un viaje; un viaje incierto, desde luego, pero un viaje.

Cuando descubrí a Constantino Kavafis y su Viaje a Ítaca lo entendí aún mejor. Desde entonces, cada vez que tengo que hacer las maletas celebro esa suerte. El miedo puede que esté ahí, al acecho, pero la tentación de explorar siempre es más fuerte, irresistible. Y viajar (aunque sea para volver a un lugar que ya conoces) entraña aventuras, la posibilidad de hacer descubrimientos.

Adiós Tánger. Adiós y hasta pronto que volveré a visitarte para seguir alimentando los sueños. Adiós a ese Tánger que empieza a estar saturado de coches, de ruidos, de edificios; incluso de gente, pero que, con ese halo de misterio y ensueño que lo cubre, resulta distinto, inmortal. Adiós a Tánger y al mito que, lógicamente, en la distancia y con imaginación, volverá a remontar, como el ave Fénix, el vuelo.

Adiós, también, a los ruiseñores que me han hecho compañía estos seis años desde el enramado selvático del jardín; a las tórtolas y a las palomas; a los mirlos que, rateros incansables, han escarbado mis macetas, contumaces, hasta conseguir exasperarme. Adiós a las gaviotas, para mí insoportables, que cada despertar rompían el silencio con su monocorde y desagradable gorjeo. Adiós, en fin, a esta etapa del camino que da paso a otra nueva en la que las campanas serán los muecines, las mujeres y los hombres caminando juntos un nuevo espejo y las risas y la desinhibición en plazas y cafés, los faros que alumbren otros pensamientos.

Mas ¡ojo! nada será nuevo del todo. Como la energía que ni se crea ni se destruye, yo también seguiré transformándome con la mejor disposición y buen ánimo para llegar al final, a la Ítaca soñada.

Mantener siempre el ánimo; ese es el reto. Mientras tanto, y hasta que vuelva a asomarme por aquí, procuraré no dejarme vencer por la melancolía que traen los recuerdos. Si Tánger se va, Sevilla viene… ¡Y el mundo! Ese mundo sugerente y complejo, que seguirá ahí, invitándome a hablaros de él.

En esta nueva etapa del camino hacia Ítaca solo habré cambiado de lugar, porque, al menos en lo de contaros historias e inventar cuentos, espero seguir siendo el mismo.

14 comentarios Añade el tuyo
  1. Y los que nos quedamos en Tánger seguiremos leyendo tu relato de vida, tu relato de viajes…
    Espero volvamos a vernos pronto,que vaya todo muy bien en esta nueva etapa
    Mil besos

    1. Bienvenidos a la patria que nos vio nacer y nos acuno y permitio que nos hicieramos cada dia un poco mejores Sevilla.Salamanca y Vigo os esperan.

  2. Mas cerca de Perniculás, por tanto deseamos que la visites muchas veces. Esta tierra necesita personas como tú. Los momentos actuales son difíciles y puede que determinantes para el futuro.
    Joaquín, mucha suerte en esta nueva etapa.

  3. Bienvenido Joaquín, a pesar de que nunca nunca te alejaste, suerte que tiene Sevilla de contar contigo, y nuestra tierra y Perniculas (medio mío), de tenerte más cerca , espero encontrarnos alguna vez.y parlar un rato de la gran amistad, y cariño que se tienen nuestros padres, que lo respeto y lo quiero , Suerte

  4. Tanger te echará de menos y yo también!! Esas charletas en mi despachito…
    Muchos besos y que os vaya bonito en esta nueva etapa.
    Te seguiremos leyendo.

  5. Te agradezco enormemente esta forma de compartir tu vida…
    Gracias amigo , cuánto me enseñas y me das para meditar….
    Eres un principe
    Santiago.

  6. Allá dónde vayas, vayáis, seguiremos leyendite y compartiendo el viaje. Y siempre tendremos Tánger en el recuerdo. Buen viaje amigo, y un beso.

  7. Me ha emocionado mucho tu narración… Me ha hecho revivir los escasos días que estuvimos alojados en vuestra casa…. Sigue volando amigo….

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