Reflexión… ¡Para morirse!

 

Ni suelo (ni me gusta) revelar intimidades, lo sabéis; pero me acaba de decir un amigo, relacionado con el negocio editorial y la escritura, que tengo muy difícil publicar mi libro de relatos, Hijos del Uranio, porque con mi edad estoy fuera del mercado y no venderé un pimiento. Que ahora quienes venden libros son las mujeres-periodistas, mujeres en general y, si son famosas, más.
Me he quedado un segundo pensando y enseguida he concluido que no escribo para hacerme rico, sino para darle forma a mis sueños. Que el dinero no me importa tanto; no más de lo que se considera imprescindible. Luego he recordado que Goethe terminó de escribir su Fausto el año de su muerte, con 83 años. De modo que aún me queda mucho tiempo para publicar el libro y escribir otros.
¡Qué tiempos estos, que todo se mide con dinero!

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