Contra la violencia machista

El Ministro del Interior ruso admitió en 2008 que cada año morían en Rusia más de 12.000 mujeres a manos de sus parejas. Y desde entonces esta cifra no ha parado de crecer. Sin embargo, la Duma –Parlamento ruso– está a punto aprobar una ley que despenaliza la violencia machista. La ponente en cuestión –¡una mujer, Elena Mizulina, sí, una mujer!– , senadora por más señas, defiende que al menos hay que agredir un par de veces al año a la esposa o a la mujer que sea, con tal de que a esta se le tenga en cuenta y, en consecuencia, se considere tal acción un acto de violencia. ¡Manda huevos!, que diría Federico Trillo, ministro de infausto recuerdo por muchas razones, entre otras por su halo de macho ibérico con el que se presentaba siempre en sus comparecencias.
Pero volviendo a la VIOLENCIA MACHISTA… Está claro que esta no acabará nunca si a la lucha contra ella no se le otorga el máximo rango en el contexto internacional. ¡El Feminismo debería ser el marco ideológico que rigiese siempre para regular el comportamiento humano! Y aún así, es probable, seguiría habiendo violencia contra las mujeres… La cultura machista forma parte de nuestro mapa genético, o casi. Al propio género femenino les cuesta entender, no digamos ya reconocer, la violencia que con frecuencia ejercen los hombres sobre las mujeres a lo largo de su vida. Violencia que se explicita en infinidad de ocasiones, y a la que no se le da importancia o se considera “algo normal”. Esto es lo que piensa, precisamente, esta senadora rusa, que alega su despenalización en “beneficio del fortalecimiento de la familia”.
Son las propias mujeres, insisto, las que exculpan a sus agresores en aras de la defensa de “valores tradicionales”. Y no se dan cuenta que no hay valores que sirvan si se amparan en la agresión, el menosprecio, la humillación o el daño físico.
De ahí la necesidad de impulsar esta ideología que es el Feminismo. Sólo propiciando e implementando la educación de hombres y mujeres dentro de este marco ideológico conseguirá atajarse, al menos en parte, la violencia machista. No se extinguirá del todo porque el animal-macho cree tener ascendencia sobre el animal-hembra, y un argumento natural para imponer esta ascendencia es la fuerza. Y el ejercicio de la fuerza es violencia. Pero seguro que puede paliarse esta lacra universal contra las mujeres dándole a los valores del feminismo la máxima difusión, de forma constante y continua, desde TODOS los centros de poder que hay en el mundo, ya sean internacionales, nacionales, regionales, locales, docentes… ¡Y desde la familia! ¡Porque, en una familia que sea el feminismo su guía, sus miembros, seguro, renegarán de la violencia machista!

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