En la película Agenda oculta, dirigida por Ken Loach en 1990, se narra cómo los intereses de los poderosos prevalecen sobre la legalidad y la justicia, aunque ellos siempre dirán –en la película y en la vida real– que actúan así para salvar al país. Y no les duelen prendas al decirlo. Aplican el terror si hace falta, la tortura, el asesinato y cualquier estrategia que sus ilimitados recursos les permiten. Allí, en Gran Bretaña, en aquellos años 70 del siglo pasado, había que echar a los laboristas (Harold Wilson y James Callghan) para que gobernara “la Dama de hierro” de los conservadores, Margaret Thatcher.
Estas fuerzas ocultas tienen dinero de sobra y poder. Para que todos lo entendamos, quienes disponen de esas herramientas (Poder y Dinero) conspiran sin tregua para destruir al contrario sin mostrar el más mínimo escrúpulo. Todo vale. En aquella Gran Bretaña el asesinato a sangre fría avalado por el Poder oculto servía también. La justificación era que el IRA hacía otro tanto; lo que no contaban es que ellos representaban “la ley y el orden” y el IRA eran terroristas. Así que se servían de la intriga, la mentira, el soborno o la calumnia.
Con todo, lo más terrible que se cuenta en este film es que las personas honradas, que tienen por horizonte la justicia, acaban agachando la cabeza, “convencidas” de que es más importante sobrevivir y, de paso, evitarle “problemas” al Estado. Claudican en lugar de defender la legalidad mientras se inhiben de esclarecer los horrores.
En España, por si alguien no se ha enterado todavía (aunque Aznar soltó esa imprudencia, delatándose, de que “el que pueda hacer que haga”), las fuerzas ocultas del Poder y el Dinero (según algunos, una gran parte del IBEX 35) llevan desde la moción de censura que perdiera el presidente Rajoy, en 2018, trabajando a destajo para derribar al Gobierno. El Poder y el Dinero no aceptan derrotas. ¿Y si no, para qué les sirve “ser ricos” si no pueden mandar y hacer lo que les dé la gana?
Cierto es que el Gobierno también se defiende. La diferencia está en que el Gobierno lo hace con el aval de la legitimidad que le otorga la ley y le da el Parlamento, a partir de esa mayoría que consigue tras el resultado de unas elecciones libres y democráticas.
Pero a esa Oposición que conspira le da igual. No les importa la realidad ni que asistamos a una etapa de paz y riqueza. Ellos a los suyo: bulos, insultos, calumnias, todo el día fabricando falsas noticias. Todo vale. Y lo hacen periódicos que tuvieron prestigio pero que ahora son simples panfletos, libelos; y lo replican las televisiones y periodistas de su cuerda (charlatanes, más bien mamporreros), emisoras de radio y redes sociales creadas específicamente para este objetivo.
Y en estas estamos.
Quiero pensar que son muchos los españoles conscientes de este juego perverso que, desde las cavernas practican, cogidos de la mano, el Poder (oculto) y el Dinero. Pero también sé que a muchos miles de personas se les convence fácilmente y engaña. Aunque parezca imposible, la gente se cree cualquier cosa. Por ejemplo, si alguien escribe: “yo he visto a un ministro aflojando tornillos en la vía del AVE…” Se lo creen. ¡Lo creen!
Sí, este es un país de crédulos. Crédulos religiosos, económicos, futboleros, musicales… Cada dos por tres nos enteramos de estafas y tocomochos practicados y amparados por no importa qué color ideológico. Por aquí se cree más que se mea después de haberse bebido dos litros de cerveza.
Por eso estoy dándole vueltas y pensando en bajarme del tren de estos tiempos para esconderme en el campo y hablar con la luna. El ruido se me antoja infernal. Y el hedor de las mentiras, chantajes e insultos ahoga cualquier voluntad de permanecer en activo. Los ladridos de la jauría aturden. La pestilencia que destila el aliento de unos y otros, mientras tratan de arrimar el ascua a su sardina con tal de imponer “su razón”, es ya insoportable.
¿Cuántos millones de euros lleva gastados el Poder oculto en su intento de cubrir al actual Gobierno de mierda? Sabemos que tienen de sobra para financiar su Agenda oculta, incluso sabemos que España les importa un comino; lo que quizá no han calibrado es que la mierda salpica a muchos de los suyos. Aunque, eso, bien pensado, también les da igual.
La carroña no elige a los buitres. Son los buitres los que detectan la carroña.
Sí. Ya es una conspiración mundial e infernal que aumenta la tensión cada día, la desigualdad, la injusticia y sigue una trayectoria apocalíptica.
Joaquín, que buena reflexión. Gracias por compartir.
Así es. Las opciones también, en cualquier caso importamos una mierda y dentri de lo malo ,hablar con la luna te ofrece calma, serenidad. Lo mejor pensándolo bien sería que gablasemos todos con la luna y jugasen ellos solos
Una visión certera de la realidad, y por tanto pesimista
No queda otra que denunciar y resistir. La única batalla que se pierde es la que no se lucha . Joaquín, de batallas perdidas sabemos mucho y aquí estamos