Salud… hasta que la pierdas,
porque, después, te mueres

Una amiga venezolana me cuenta que allí, en su país, “si no tienes un seguro privado te mueres” y añade que “para que ese seguro sea efectivo, tienes que tener una magra cuenta corriente”. Es decir, si eres pobre, menos pobre, clase media y clase “medio bien”, te mueres. Resumiendo: salvo que seas rico o muy rico, te mueres. Así de claro.

En los EE UU, ya sabemos cómo funciona el sistema sanitario. Para que te atiendan tienes que entrar en el hospital con la tarjeta de crédito en la boca. Un buen amigo, hace dos años, durante un viaje navideño a San Francisco, tropezó y se le puso la cara como un mapa; de todos los colores. Todavía está negociando con su seguro español para que los 30.000 que le reclaman por una visita a urgencias y poco más, se los abone.

Y en España vamos por el mismo camino. Las clases menos pobres, las medias y las medio bien no se enteran. Se creen que porque suscriban un seguro privado –“con una cuota de 20, 30 o 40 € al mes tienen sus problemas de salud resueltos”– ¡Mentira! Los seguros privados para estas clases sociales, a las que les han hecho creer que con suscribirlos “suben de escalón en la escala social”, son el plancton que alimenta a las grandes ballenas; es decir, a los fondos de inversión y grandes corporaciones que se dedican al negocio de la salud, donde el paciente deja de serlo para pasar a ser cliente. ¡Cliente!

No es la primera vez que escribo sobre este tema. Pero es que cada vez que abro un “periódico” digital de Sevilla –Viva Sevilla, se llama–, uno de esos que tanto abundan, me indigno, pues la primera noticia suele ser “algún avance” en la sanidad privada. O sea, pura propaganda del boyante negocio. O sea, promoción del negocio, sí, del negocio de la salud en favor de esos que ya tienen claro que el enfermo no es tal, sino un cliente con el que uno puede hacerse rico o más rico.

Cuando yo escribía de salud en el periódico El País (lo hice durante década y media) muy raramente surgía una noticia en el ámbito privado de la sanidad; si acaso, por la conflictividad laboral y el mal trato a los trabajadores en aquellos hospitales y clínicas privada que entonces eran rara avis. Entonces, la Sanidad Pública española era un modelo a imitar en el mundo. Allí se producían los máximos avances, allí trabajaban los mejores profesionales, allí los pacientes, ¡los pacientes!, eran el centro del sistema sanitario. Pero eso se acabó y ahora han proliferado como setas las clínicas privadas; hay una en cada esquina. Los chiringuitos de salud para “clientes” (no para “pacientes”) son lo normal; los seguros de mierda (discúlpeseme la expresión) nos bombardean en la televisión con el fin, principalmente, de sacarle la pasta a esa pobre gente que, harta de listas de espera porque se está desmantelando el Sistema Público de Salud, ha creído que la publicidad de las aseguradoras es la verdad y al hacerse un seguro les resolverán todos los males.

En fin, sé, por la propia experiencia de la que fue mi compañera, en qué consisten la mayoría de esos seguros. Y sé, también, por mi experiencia profesional de década y media dedicado a la información sanitaria, cómo se cocina el negocio de la sanidad privada… Lo mismo que está ocurriendo con la Educación. Hoy, estos dos pilares del progreso democrático y justicia social están siendo minados por el capital y las ideologías reaccionarias que saben que son ámbitos de la vida humana donde el negocio puede ser redondo.

Desgraciadamente, o esta sociedad hedonista y embobada por el consumo reacciona o muy pronto haremos todos cola con la tarjeta de crédito en la boca… (si la tenemos) para que nos atiendan al menor contratiempo que nos plantee la salud; aunque sea un simple resfriado.

Que tengan ustedes salud.

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *