La mujer, ese oscuro objeto de deseo

Observo, complacido, después de lo que escribí ayer sobre la violación que ahora se juzga en Pamplona, que las mujeres no arrojan la toalla, claman y se rebelan (como tendrían que hacer los hombres: ¡todos a una!) en esta lucha agotadora por la igualdad que mantienen con el género masculino a fin de conseguir respeto.

Pero no está siendo fácil, ¿verdad?

Todos esos asesinatos de mujeres que concurren cada año, que no son más que la punta de un iceberg que ahoga a una sociedad, manifiestamente injusta y desigual con el género femenino, no hacen más que confirmar la situación precaria en la que vive todavía media humanidad frente a los innumerables privilegios que el hombre “se atribuye” por ser hombre frente a la mujer.

Uno de ellos, parece ser, es el de violarlas, así porque sí.

Pero hay otros privilegios más sutiles, e igualmente ofensivos, que los hombres practican a diario. Tales son, por ejemplo, los de vestir a las mujeres o desnudarlas a su antojo con fines tan peregrinos como vender un coche o un programa de televisión; ponerlas de florero con la disculpa de que hay que promocionar cualquier evento, ya sea este social, deportivo, cultural, etcétera. También los hombres las chantajean cuando acuden a solicitar empleo, como se ha puesto de manifiesto en Hollywood recientemente, tras salir a la luz la depredación que algunos varones practicaban; una depredación que era vox populi, pero que nadie denunciaba ni hacía público para mantener el statu quo existente. ¡Que desastre de mundo tenemos, verdad!

Y son también privilegios sutiles de los hombres, esa humillación constante, cotidiana, que algunos practican con su esposa, su compañera o con cualquier mujer que se tercie: “Tú, calla… que no entiendes”. O: “es que ESTA no se entera…” “¡Pareces tonta!”, se oye a veces.

No, no va a ser fácil conseguir que los seres humanos, hombres y mujeres, vayamos de la mano en esto de la igualdad. O lo que es lo mismo, y dicho en román paladino: que si una mujer no quiere follar, aunque quien se lo pida sea el marido, tiene todo el derecho a decir que no y a que se le respete.

En el terreno de lo práctico, en esas acciones cotidianas que nos conducen por el quehacer de cada día, los hombres siguen imponiendo sus cánones, las pautas de comportamiento sexualizadas que ellos consideran que son más rentables para sus negocios e intereses… ¡A la vista está! No hay más que fijarse en la iconografía televisiva o en los carteles y escaparates que nos ilustran a diario el paisaje urbano y la vida social.

Y las mujeres, muchas veces, sin ser de ello conscientes, protagonizan encantadas este tipo de acciones pensando que son roles de su elección, cuando son ellos, los hombres, los que deciden qué imágenes o cómo han de ser estas, ya sea de forma sutil, subliminal o explícitamente. ¿Y cómo calificar este mercado de la carne y de la estética? ¿De denigrante, tal vez? ¿De continua humillación? Desde luego, abusivo si parece…

Porque la belleza, el sentirse bien físicamente, guapa, nada tiene que ver, pienso, con desnudarse, insinuarse… O con practicar tal o cual postura para vender mejor un producto. Creo que esto está en la cabeza de los hombres, no en la de las mujeres.

Y voy terminando: Esta sexualización del comportamiento femenino no responde más que a la podredumbre mental (discúlpenme) del género masculino que solo ve en la mujer “ese objeto de deseo” (dijo Buñuel) y sexo. Así se entiende perfectamente que La Manada –ese grupo de chicos, supuestos violadores– no haya tenido reparo (a ellos le parece normal) en reclamar públicamente respeto para sus nombres y sus caras mientras no sean condenados en firme, al tiempo que mandan a un detective a espiar a una mujer a la que violaron… ¿Qué más se puede añadir?

Y algo similar podría decirse de ese señor juez que acepta (aunque sea sólo parcialmente) el citado informe propiciado por la defensa de los violadores, elaborado a partir de espiar a la mujer violada…

¡Ea, encima de violada, puta! ¿Esto es lo que piensan muchos hombres, los supuestos violadores y algún que otro juez?

Un comentario Añade el tuyo
  1. Me encanta como escribes amigo !
    Temas tan difíciles y duros como este último de las mujeres , haces que se lean fácilmente y te llegue tan ameno .
    Gracias querido Joaquin

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