Regalos para 2019

Mi regalo serán las palabras, los sueños y los deseos;
el pensamiento y
la pasión por la vida.

También os regalo el silencio.
Un silencio que envuelto en noches de estrellas y aire limpio he disfrutado en Perniculás,
ese lugar fronterizo, tierra de nigromantes y heterodoxos demiurgos hacedores del Universo.

Mi regalo es volver del refugio de invierno en el páramo para estar aquí,
junto a vosotros,
en la ciudad que pelea contra el ruido, contra el aire sucio, contra la inanición política.

Volver para salir de la mano con todos a la calle a decirle a los gobernantes que
no renunciamos a luchar por un mundo más justo.

Mientras nos ahogamos en esta feria de ruidos o en la acumulación absurda de cosas,
consumimos  y malgastamos la vida escuchando cantos de sirenas,
mi regalo es estar disponible; siempre dispuesto a la acción.

La acción…

La acción servirá para ahogar las palabras que no dicen nada
y acabar con las frases que asombran por huecas…
Para hacer olvidar la canción que adormece la vida repitiendo promesas y nombres.
Para desactivar las nubes tóxicas que devoran la Tierra.

Os regalo también el anhelo y el empeño que pienso poner este año,
intentando que todo mejore.

Y frente a los que se han empeñado en hacernos creer que vivir consiste en asistir a una fiesta continua,
comprar sin descanso,
permanecer enredados en la tela de araña del consumo sin tregua…
Os regalo el placer que se siente al mirar por mirar…
El placer que propicia tener la consciencia de que uno no necesita casi nada.

Casi nada.


Nota.- Con la fotografía (presa en el río Yeltes, en Perniculás) pretendo llamar la atención sobre esa mina de uranio a cielo abierto que pretende destruir la comarca, empezando por Retortillo, Villavieja… Si algún día se abre, lo que hoy es belleza y agua transparente, mañana será un lodazal.

 

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