La conjura de los necios

 Se creen los necios que el dinero lo es todo,
que, con él, doblegarán voluntades,
que pueden convertir el veneno en oro,
que los árboles arrancados no les pedirán cuentas.
Creen, los necios, que los ríos,
cuando, ya envenenados, se mueran les dejarán en paz.
Y piensan que engañando a la gente
conseguirán convertir en verdad sus mentiras.
Se creen… que arrullando el oído de los ancianos,
comprándoles un ataúd forrado de billetes, les doblegarán para que asientan a su saqueo de la vida;
se creen que a los niños se les convierte en esclavos
poniéndoles columpios y toboganes en la plaza del pueblo,
mientras destruyen las escuelas porque las voladuras de roca que hacen a diario hunden los tejados de las aulas,
además de dañarles el cerebro.
Se creen los necios que pintando autobuses con sus eslóganes cínicos,
con los colorines de sus fantasías malsanas y de verde ecológico,
van a convencer a las personas de que su veneno es muy dulce. Se creen los necios…
Se creen los necios que manchando con dinero sucio
las camisetas de los equipos de fútbol, los futbolistas ganarán más partidos
y el pueblo, celebrando los triunfos, se doblegará a su charlatanería y sus mentiras.
Sí, se creen los necios que la gente es tonta
y que el dinero lo puede todo. Todo. Se creen los necios… ¡Maldita sea!
No saben –porque solo piensan en dinero, dinero, dinero–
que la armonía en la vida se obtiene practicando la justicia; se obtiene con la verdad, con la honradez,
con la ética…
No saben, estos necios, que por mucho
que intenten envenenarnos, jamás conseguirán que aceptemos
que sus mentiras son la Verdad.
No, no saben estos estúpidos necios que su proyecto de destruir la Tierra
acabará con ellos.
Estos necios… ¡Maldita sea! ¡Malditos ellos!
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